Ella carga una historia, una muy triste historia, tanto o más triste que la de todos aquí.
Ella tiene aún el cielo en sus ojos y una cadena en sus pies.
Los ocasos más pálidos cada día y como cada día, un día menos.
Corrimos en diferentes direcciones solo para caer un poco más lejos el uno del otro atados por la sangre.
Acediada
por la carne tierna, torna su mirada cada vez más forastera.
Aquella
noche no volvió el calor en ese costado de su cama.
El ser en 3 partes y
nada lo sobresalta.
Olores que recuerdan la vuelta a casa, entre tanto
silencio, cargamos cada demonio como propio, tan creados y propios.
Ya no puedo recordar su resplandor, ya no recuerdo la piel.
Aquella noche fue la noche y ahora comenzamos a correr, ahorcando entre cadenas las raíces.
Si en realidad esto no será, será siempre lo que no será y correremos entre calles y mentiras, huyendo de nuestras espaldas.
Poco importa el sentido si está roto el timón, ahora gira y espera a que esto caiga.
Muerde mi rabia, muerde mi mano, dañé el porqué, dañé un esbozo de claridad, ahora corre.
Ahora sigamos el circulo, corre.
Los ocasos más pálidos están por venir.